Las botas

 

pies-descalzosCon sus ocho años y sus pies descalzos, quería regalarle sus botas. Esas botas le encantaban, pero aun así quería regalárselas. Eran militares, relucientes y nuevas, casi sin estrenar. Su hermano mayor se las había traído de regalo tras regresar del servicio militar. Dos años había estado lejos y sólo a través de algunas cartas habían tenido noticias suyas. Cuando regresó con aquellas botas militares en miniatura para ella, no le importó que fueran de chico. Eran perfectas porque se las regalaba su hermano. Su hermano volvía a casa, nada más importaba.
Sus pies curtidos estaban acostumbrados a caminar descalzos. Casi todos los días podía ir a la escuela pero tenía que recorrer una distancia de varios kilómetros. En la primavera era cuando mejor se andaba por los caminos con los pies desnudos. Los pequeños pinchos ya no podían hacerle heridas y avanzaba veloz por los senderos de piedras. Desde que tenía esas preciosas botas nuevas, continuaba yendo a la escuela descalza, las reservaba para ir a misa los domingos. Además, le gustaba cómo le quedaban con el vestido azul que le había cosido su madre.
María también caminaba descalza pero ella no tenía ningún par reservado para los domingos, además tenía la mirada triste. De camino a la escuela, siempre pasaba junto a su casa, a veces la veía lavando la ropa en una tabla de madera y una cubeta. Tenía ocho años, igual que ella, pero ella no podía ir al colegio. Era la mayor de tres hermanos y tenía que ayudar en casa. Siempre intentaba hacer el camino muy rápido para poder pararse un rato con María. A menudo la encontraba lavando la ropa de sus hermanos, sus padres ya habían salido a las labores del campo. Siempre observaba los ojos tristes de María, y también apreciaba cómo se iluminaban cuando la veía aparecer por el camino. Pero en las últimas semanas esos ojos celestes de adulta en cara de niña se habían tornado opacos y nada podía hacer que se iluminaran, ni siquiera con un leve destello.
Aquella mañana lo decidió. Cogió sus preciosas botas militares con decisión, las envolvió con un papel fino que su madre tenía guardado, unió los bordes del papel y los ató con un trozo de cuerda fina, hizo una pequeña lazada y observó el regalo envuelto desde una pequeña distancia durante unos segundos. Seguro que los ojos de María brillarían de nuevo, aunque fuera un solo instante. Al girarse para salir, vio a su hermano que la contemplaba en silencio. Por un momento se preocupó pero se acercó a él y se lo contó.
—Quiero regalarle mis botas a María, quiero hacer que sus ojos vuelvan a brillar—le dijo.
—Me parece una idea maravillosa.

Anuncios

3 respuestas a “Las botas

    1. Muchas gracias, Manoli, por tu comentario. A este texto le tengo un cariño muy especial, porque aunque la historia es ficticia, esas pequeñas botas militares existieron de verdad, y existe una historia mucho más emotiva ligada a ellas. Un saludo.

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s