Difícil

reloj-piano

Me cuesta condescender con el tiempo
que pasa lento,
con los segundos tímidos y remolones.
No consigo convencer al ímpetu
para aplacar el vaivén y
arrancarle un suspiro al acelero.

Me cuesta entender el mundo,
maraña sin contenido,
cubierto de ceniza y cáscara.
Es imposible pulir superficies rugosas
porque ni siquiera quiero hacerlo,
admiradora de surcos bellos y tortuosos.

Me cuesta respirar el aire
espeso de las ausencias,
licuar los mares congelados
en las cuencas de mis ojos.
Es difícil reunir las fuerzas
para deshacer los nudos,
que aprietan y me ahogan.

Me cuesta nadar en contra
de la corriente de tus ojos.
Es complicado fijar la mirada
cuando el viento arrastra la tierra,
ver el anticipo de tu sombra
y el reguero de tus pasos.

Me cuesta resquebrajar los bloques
del cemento de tu pensamiento,
insertar las dudas
en tus certezas vacuas.
Es un reto neutralizar las lanzas,
portadoras de veneno sin antídoto o
esquivarlas con movimientos mudos.

Me cuesta verte, y no verte.
Me cuesta no decirte algo,
conseguir silencio narrador de historias.
Es tan difícil decirte adiós,
porque quizá el adiós,
cuanto más meditado,
menos adiós.

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