Memoria

De vez en cuando congelas el tiempo, y es que un recuerdo intenso es tiempo congelado, como aquel momento de aquella tarde de Septiembre. Elevaste la mirada como se elevan las hojas de otoño arrastradas por el viento. Aquel edificio enorme de piedra gris parecía esperarte. Te dejaste impresionar por su imponente tamaño, pero también te sentiste atraída por aquellos antiguos muros, testigos mudos de tantas vidas que pasaron por allí.
Cruzaste la verja con paso firme sin dejar vislumbrar tus nervios, como el que busca enfrentar de forma valiente ese objeto al que teme. Dos peldaños de granito desgastado, una grandiosa puerta ovalada de madera oscura, y sin pretender prestar demasiada atención, los pequeños tallados en forma de flores y espirales, se quedaron insertados en algún punto importante de tu hipocampo. Y ya estabas dentro, en ese enorme hall rodeado de columnas de mármol. Y de nuevo volviste a elevar la mirada impresionada, y te pasó desapercibida la ventanilla de conserjería. A la que, en los dos años siguientes, acudirías con mucha asiduidad a recoger tu correspondencia.
En aquel internado comenzaste a ser valiente, a crecer sin tú saberlo, a apreciar el valor de esa soledad tan común, como es la de estar sola rodeada de mucha gente.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s