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mar-niebla

Os voy a contar algo misterioso que me ocurrió hace unos días.
Hace un par de noches, ya casi en la madrugada, estaba con mi cuaderno garabateando un poema, la verdad es que no estaba muy inspirada ni encontraba las palabras que quería plasmar. Entonces se me ocurrió mirar las bases de un concurso que había visto publicitado en Facebook. No suelo participar en ellos (rarezas mías) pero me dije: ¿Y por qué no? Los requisitos eran bastante asequibles y solo había que introducir algunas expresiones en el texto, ya establecidas. La temática era de misterio, y aunque nunca había escrito nada relacionado, de todas formas no podía dormir y, además, sentía como una especie de frío y desasosiego extraño que podía aprovechar para escribir un relato de miedo. Lo podía intentar, a ver qué tal…
Busqué música inquietante en youtube para crear ambiente, lo cual no me fue suficiente para  conseguir arrancar. A veces escribo en la orilla del mar, suelo ir por las mañanas pero pensé que, al tratarse de un relato de miedo, estaría bien ir por la noche. Me fui con el coche, pues eran como las dos de la madrugada y no me parecía prudente ir caminando. Grabé la música para escucharla mientras conducía.
Se había instalado una espesa niebla y aunque había luna llena apenas se podía ver nada. El coche avanzaba lentamente, aun así, llegué en escasos minutos. Apagué el motor y dejé la música puesta. No sé por qué, pero un escalofrío me recorrió. Sentí miedo y no me atreví a bajar del vehículo. Nunca he sido miedosa y, sin embargo, en un acto reflejo, eché el cierre centralizado. La niebla cada vez era más densa y podía escuchar el romper de las olas en el espigón.
Como por impulso comencé a escribir, las palabras brotaban en torrente, pero una sensación rara hizo que me detuviera y alzara la vista al frente. Me quedé petrificada en el asiento. Sobre la luna del coche aparecía una palabra escrita, repetida cuatro veces: HELP. Miré a los lados, no había nadie. No se oía nada excepto el oleaje ¿Me lo estaría imaginando? Accioné el limpiaparabrisas y se borraron.
Continué escribiendo, ahora vacilante y con el pulso acelerado. Pero de nuevo esa sensación inquietante me hizo elevar la mirada y de nuevo las palabras escritas sobre la luna. No podía ser ¿Sería un sueño? ¿Una pesadilla? Abrí y cerré los ojos varias veces, con el terror instalado en todo mi cuerpo, sin atreverme a mover ni un solo músculo, clavada en el asiento.
Y de repente, desperté en mi cama. Había tenido una pesadilla y suspiré aliviada. Pero esa mañana, camino del trabajo, al conectar la radio, escuché la escalofriante noticia:

-Esta madrugada, en medio de la niebla y el oleaje, ha desaparecido una embarcación con cuatro pescadores. Los equipos de rescate trabajan para encontrarles. No se registró ninguna llamada de socorro-

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