Entendí

 

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Me lo dijo un anciano callado en un instante auroral. Presentí
su aullido remoto, depositado en sus cuencas opacas. Has de
saber que no era un sabio, ni yo una humilde servil.
Escruté sus manos con el ansia de saber. Las arrugas y las ausencias,
damas finas y orgullosas, me eclipsaron con su tacto y su presencia.

Me lo dijo un niño inquieto, con su sueño profundo en la noche.
Busco, presta, su aliento, su calor y mi calma. Se extingue la prisa
y la tiniebla, a pesar del despertar horrible.

Las avefrías volaron a otros lugares, huyeron del frío y también
de la templanza; de lo tibio, de lo amargo, del roce austero.
Me lo dijo su vuelo. Me lo dijo su huida.

Me lo dijo tu arrullo…y tu helor. Lo comprendí compungida.
Me lo dijo tu risa…y tu olvido.
Caminaré sin tu mano, sorprendida.
Me lo dice la noche…y la luna.
Me lo dijo la aurora.

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