Y esperar…

Esperar.

Esperar que se acorte la sutil distancia

con un vaivén de rosas y espinas,

hoy el sol calienta la coraza,

mañana el frio congela la materia.

Y el alma se endurece con el grito del tiempo,

y los ojos susurran sobre los hilos negros,

líneas trazadas bajo el frio cristal,

pero el cristal se diluye con la lluvia suave

que borra persistente la hebra oscura.
El agua es salada y separa la distancia,

convirtiéndola en tenebroso abismo,

sin rosas ni espinas…

… Y esperar que ocurra.

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