Callada

 

La descubrí callada, aunque sus palabras podían engañar a muchos. Estaba callada. En un principio, el tono de su voz, el contenido de su discurso, incluso sus sonrisas… Y sus risas, me despistaron. Pero no necesité mucho tiempo para conocerla. Y no es presunción, no. Lo sé.
Sé lo que guarda dentro, conozco sus secretos, su forma de sentir. Sólo he tenido que observarla un poco, fijarme en las señales que emite… Es tan transparente para mí. Me habla con el brillo de sus ojos cuando mira de soslayo, cuando esquiva los rayos del sol porque le molestan y, aun así, no quiere apartar la vista. Esa luz la necesita y la entiendo. Me susurra su emoción a través de su piel, cuando la percibo estremecerse escuchando música, o sintiendo el frío. El frío seco que tanto le gusta, y abrigarse el cuello, como un acto involuntario, como buscando una caricia… Su cuello…
Sus manos serenas me dicen demasiadas cosas, ni siquiera es consciente del poder emisor de mensajes de sus dedos finos y pálidos, que se mueven lentos y firmes al mismo tiempo. Esas manos fuertes y sensibles acarician cualquier cosa. Tiene el mundo en sus manos y tampoco se da cuenta.
Guarda toda su belleza dentro… Y su tristeza.

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