No me esperes

mujer noche

No me mires, aún es pronto,

no amanece todavía.

La noche se muestra espesa,

cruel, infame y alargada,

tela de araña tupida,

inquietante y resistente.

Se resiste contra la aurora,

y sigue mi piel esclava

de la triste trasnochada

¡No la toques!

No son suaves

mis pequeños puños cerrados.

Mis manos están frías

por las tinieblas de la madrugada,

son porciones heladas,

a la espera del fuego del sol,

dañinas y reticentes,

no acarician,

solo aguardan resignadas.

No malgastes tus mordidas,

tus bocados no me duelen,

no me abrasan

en este cuarto de silencio,

habitáculo de torturas

inventadas.

No puedo prometerte luz,

ni pedirte que la esperes.

No me oigas.

No me inventes.

Sólo detén con tus brazos

el paso oscuro del daño,

ese daño que nos duele,

y esa noche que no acaba.

 

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