Tu juguete

canicas 3

Es mi respirar tu juguete,
un suspiro que se alarga
cuando la rama del sauce ondea.

Quisiera un vaivén de emoción
que aclare mi sombra pálida,
que rompa el hilo de la cometa
y que diluya el plomo de tu costado.

Comprenderé que mis huesos
deben quebrarse para refulgir,
como esencia mía entre tus uñas,
que moldean el efímero castillo.
Las paredes y las esquinas,
ésas por las que trepo,
son testigos irritantes
de la ausencia de techo en el juego.

Si el terror te causa risa, no lo muestro,
me lo trago, no mastico…
Ya me abrasa.

Prende llama en la oquedad
como dosel invertido en la noche,
con un fuego que apacigüe
un hielo que cubre cadenas.

Mi esperanza fenestrada
sobre llantos anticuados,
abre un ventanal siniestro
y veo la presión de tus fauces.
Y oigo el choque de canicas,
mientras un brillo verde y felino
se enreda entre comba y pita.

No tortures con tu impulso
ni tampoco con tu grito.
Las cosquillas ya se apagan
y el tañir de una campana,
con una llamada de amor,
avisa a los que se esconden,
a los que se atreven y juegan,
pero sobre todo a los que se pierden.

Ahora ya puedes reírte,
sin temor de reprensión.
Me escondo en la espuma del mar,
en la línea del sol que nace
y en el rayo de plata loco.
Ni el mar, ni el sol, ni la luna
jamás revelarán mi escondite.

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