Casi puedo

Emanuele Dascanio
Imagen by Emanuele Dascanio

Casi puedo rozar con mis dedos las cosas verdaderas, aunque intangibles, las palpo, las respiro, me traspasan, las venero. Pero en la antesala de la prensión se difuminan, se me escurren como arena fina del desierto, como el tiempo.

Casi puedo dormir tras milenios de resignado insomnio y descifrar el lenguaje desconocido de los sueños, el simbolismo recurrente del astado, ese que me persigue. Ahora me planto enfrente, le espero y en un reto valiente e inevitable anhelo vencerlo.

Casi puedo verte llegar desde lejos, regresando, con tu perfil cabizbajo, con el peso sobre el pecho, con tus manos abiertas y tu calzado gastado. Ver tu espalda, erguida para los demás, encorvada para mis ojos, escrutadores de la verdad.

Casi puedo oler tu dolor, ese llanto camuflado que me escondes a pesar mío, ese camino curtido que araña mis susurros, y recojo lirios y dalias que derramas a la orilla de mis pasos. Me detengo y observo, mientras los yugos me hieren. Son tan familiares las heridas que ni duelen.

Casi puedo respirarte, inhalarte, exhalarte, estrujarte en mis entrañas, domesticarte contra mis huesos y acariciarte con mi aliento. Soplo azul contra mi piel, clavado. Ya no hay lugar para la piedad, no la esperes, ni la pidas.

Casi puedes salvarme del cataclismo del vivir, conseguirme risa fresca, agua de manantial ya olvidado. Paralizada y sobrecogida por tu llegada casi puedes alcanzarme.

 

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