Maestro

 

tulipanes-amarillos-2

Para ti, maestro, que lo eres sin saberlo.
Para ti que me has enseñado a acariciar
tulipanes amarillos sobre un triste mantel.
He aprendido que no hay prisa en el silencio,
ni en el grito, ni en la risa;
sólo calma que apacigua
la amargura de lo ingrato,
de lo injusto y de lo humano.

Aquello que tanto temía,
no es tormenta ni es aplauso,
ya es camino que no asusta.
Has capturado dragones
con mi lección preferida
que no son metas sino senderos,
lo que nos guía en la tarde.

En esta mañana de otoño,
sobre textura rugosa y yerma,
floto liviana
cargada de heridas y cicatrices,
con un ignorado descaro
y mi llanto de poco a poco.

Y ahora llevo entre los dientes tu nombre,
y pinto en mi sonrisa tu espejo,
y entre mis brazos tu piel,
y entre mi pelo tu aroma.
Estés donde estés te llevo.
Me llevas, maestro.

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