Razones

aguila 2

De las veintitrés razones para no verte,
quererte es la que más me aplasta y duele.
En mi afán de encofrar paredes y techos
exhalo polvo gris como la ceniza de hogueras viejas.
Me empeño en combatir caída de hojas secas en otoño,
mantos bucólicos de nieve en invierno,
huir de tu mirada furtiva y penetrante, carcelera.

Me sorprendo inmóvil, observadora y taciturna
mientras la epidermis llora, aterida de un frío enquistado.
Tan difícil ablandar plomo y piedra que me fallan las fuerzas,
pierdo masa en el intento y me resigno.
Se derrumban murallas y los cielos caen pero
sigo sumando razones, a las veintitrés que me inventé.
Un brillo azul aniquilador bate el vuelo
y se posa en las cornisas de mi propia determinación.
¿Qué hago con mis ganas de ternura y mi miedo de vivir?
Eso que llaman vida, que no sólo es respirar,
sino arañar y gritar, corazón y tripas, alma y piel.

Captura mi aliento que se me escapa, hastiado y liviano
tras la imagen fugaz de un tiempo irreal, disfrazado.
Mientras, mi cuerpo se arrastra, frío y entumecido, en las orillas
del amanecer y las lunas.
Ni miro, ni juzgo, compongo razones una y otra vez,
que no te sirven, ni tampoco al águila que nos sobrevuela.

 

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