Mujer del otro lado

espejo 3
Me ocupo del hombre triste y menguado
y me regalo el horizonte de su dicha.
Él será la deuda que mantenga con la vida,
ignorando las paredes que practican la tragedia.
Lo lejano y gris sólo importa en la escasa medida
de mi obstinado recuerdo, esta terca memoria mía.
Me pertenezco a la mujer del otro lado, con un exceso
de grito y vehemencia, de colmillos firmes y huesos rotos.
Tu mirada tierna y escrutadora, aun despistada,
me atraviesa el pecho y me reconcilio con el astro ausente.
La intemperie en la noche ya no es reclamo para mi miedo,
y nace una caricia tímida, un ronroneo liviano,
y un aleteo nuevo o, quizá, olvidado.

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