Descubrir la lluvia

cara

En este lugar del universo nunca llueve,

pero hoy he visto a una niña descubrir la lluvia.

No se fijaba en los charcos, sólo miraba al cielo

en los momentos en los que sus ojos estaban abiertos,

la mayor parte del tiempo los mantenía cerrados.

Su pequeño rostro se alzaba confiado contra las gotas,

no parecía sentir el frío. Si la felicidad tuviera imagen,

dibujaría su cara, plasmaría la amplitud de sus brazos,

el aparente desorden de sus movimientos inquietos,

un ir y venir a mojarse entera, sin importar sus ropas,

sin importar su pelo, sin importar quien mira…

¿En qué momento nos empezó a importar mojarnos?

¿En qué momento dejamos de mirar al cielo

y nos olvidamos del milagro de la lluvia?

Y ahora sonrío con la certeza de saberte empapado,

que en tu corazón llueve, y abres los brazos, y alzas la cara.

Y no te importan tus ropas, ni tu pelo, ni quien mira.

Y yo te miro, como quien descubre la lluvia.

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2 respuestas a “Descubrir la lluvia

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