Pesadilla

mano sola

Las horas nunca fueron más allá de nuestro insomnio.
Mi sueño rebelde se ha envuelto con una piel tan torpe como inteligente.
Las noches se acumulan en mi almohada y las auroras ya no existen.
No hay transición para la pesadilla.
El astado vuelve por los pasillos de casa,
escrutador cual felino, inmune ante la ternura,
las hojas secas, y las formas del sofá.

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